Evasión fiscal, el leviatán que amenaza a Europa


Texto 40

25/04/2017, by Miguel Ordovás

La evasión o elusión fiscal supone, hoy por hoy, uno de los grandes problemas de la economía globalizada. Más expuesto a la luz pública por los medios en los últimos años, nos preguntamos sobre las causas de este fenómeno, su papel central en el estallido y posterior prolongación de la crisis económica y las medidas pasadas, presentes y futuras para erradicarlo.

El leviatán representa, en la cultura política, el poder inquebrantable del Estado moderno tal y como lo describió Hobbes. Siglos antes, las reminiscencias bíblicas otorgaron al término una significación diabólica, destructora, de un poder inmenso que nadie debía desafiar, porque ese poder vencería, con la fuerza de Dios, sobre todos los hombres. El leviatán se encuentra permanentemente sobre nuestros hombros y nos advierte de la furia con la que atacará a todo aquel que se atreva a desafiarlo. El director ruso Andréi Zvyagintsev quiso retratar la vigencia de esta metáfora en nuestra cultura contemporánea nombrando así a una de sus películas, galardonada en 2014 y muy gráfica a la hora de retratar los estragos que este monstruo es capaz de perpetrar en todos y cada uno de los estratos de una comunidad.

Desatar a la bestia: una realidad en el contexto comunitario

Planteada desde un principio desde el punto de vista político e ideológico, la batalla dialéctica sobre las causas y las consecuencias de esta crisis económica ha convulsionado el panorama internacional. La reaparición del debate sobre la edad de jubilación ha acentuado aún más la preocupación sobre las pensiones públicas. Son muchas las razones por las que se toman esta clase de decisiones a lo largo y ancho de la Unión; el envejecimiento demográfico propio de los Estados desarrollados es una de ellas. La otra tiene hoy un porte de caballo de Troya económico y se llama evasión fiscal.

La evasión de impuestos no es un fenómeno nuevo. La amplia gama de posibilidades tecnológicas y legales de las que las corporaciones evasoras se valen sí que representaron, sin embargo, un nuevo peligro para la economía globalizada desde el momento de su consolidación. Un verdadero leviatán económico que es hoy más temido que nunca.

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Lo cierto es que, desde su establecimiento, la Unión Europea se ha caracterizado por una vistosa falta de acuerdo en materia tributaria. La diligencia con la que se ha gestionado la integración de las regiones en otras grandes áreas económicas ha situado esta falla en un lugar incómodo para los comisarios europeos, que llevan años conviviendo con un elefante en la habitación.

Cuando Jean-Claude Juncker fue escogido presidente de la Comisión, los medios le dibujaron como un animal político de talante contradictorio que durante 18 años había gestionado las finanzas de Luxemburgo, uno de los agujeros tributarios legales más grandes de Europa. Él mismo reconoció ante las cámaras, en una entrevista como primer ministro, que el fin de la opacidad en su país llegaría solo cuando otros países abran también las puertas a las autoridades fiscales.

Con una imagen impoluta y apariencia de sincera preocupación sobre esta área, la comisaria de Competencia Margrethe Vestager tiene experiencia en asegurargarantizar y volver a asegurar que las técnicas de elusión fiscal en los países europeos tiene los días contados. Pero, ¿cuál es la realidad?

La carrera hacia el abismo

Los informativos abren con una noticia excelente: la multinacional X abre una sucursal en nuestro país. Los puestos de trabajo garantizados ascienden a 5.000. El presidente de la nación declara, tras estrecharle la mano al director de la empresa, que la apertura de la nueva planta representa una señal positiva para la recuperación económica de la región.

A nadie le importa que esta empresa nunca vaya a pagar el 25% de los beneficios obtenidos, tal y como exige el impuesto de sociedades: la nueva ponderación de prioridades poscrisis ha situado la creación de puestos de trabajo por encima de cualquier otra cuestión fiscal. El mapa empresarial está plagado, así, de corporaciones provenientes de un país que pagan un 1% al fisco de otro país cuando gran parte de sus beneficios los ha obtenido en un tercero.

Este es el gran conflicto: empleo contra impuestos. Hoy no es nada arriesgado asegurar que toda empresa que maneje grandes volúmenes de ingresos va a ahorrar millones de euros mediante acuerdos de optimización fiscal —tax rulings— en el seno de la UE. Un verdadero quebradero de cabeza para las distintas Administraciones estatales, que ven en esta competencia fiscal la excusa perfecta para subir los impuestos a las bases tributarias cuya capacidad de negociación es nula.

Al contrario de lo que se suele apuntar en la mayoría de las escuelas, no toda competencia es positiva para los mercados. Esta clase de competencia fiscal es, de hecho, nociva para el mercado de trabajo, ya que el agujero que genera debe ser compensado mediante la búsqueda de ingresos alternativos, lo que suele traducirse en un aumento en la presión impositiva. En última instancia, esto encarece la contratación, desactiva el consumo y ralentiza, por tanto, la vuelta a un dinamismo económico igualitario en un fenómeno conocido como carrera hacia el abismo.

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Cabe apuntar que en la terminología sobre delitos fiscales hay una línea entre la evasión, cuyas prácticas están tipificadas como delito, y la elusión, que es un modo totalmente legal —aunque moralmente reprobable— de hacer exactamente lo mismo: evitar pagar impuestos. En este juego con el lenguaje se han apoyado las autoridades comunitarias e internacionales para arbitrar una relación siempre problemática: la de las empresas con los Estados.

El primer capítulo de la lucha comunitaria contra la competencia fiscal nociva tuvo lugar en una reunión informal del Ecofin en 1996 con la presentación del documento “La fiscalidad en la Unión Europea”. Este dictamen equipara la elusión con la evasión fiscal, o al menos permite calificar ambas prácticas como igualmente perniciosas para los sistemas fiscales de los países miembros. Un año después el documento se convirtió en código de conducta y, durante casi dos décadas, la regulación tributaria a nivel comunitario no ha ido mucho más allá de este pacto entre caballeros —no vinculante jurídicamente— y decenas de directivas poco precisas.

Por su parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) elaboró en el 98 una serie de recomendaciones a petición de los ministros de los países miembros. Fue creado el Foro de Competencia Fiscal Perjudicial, un grupo de trabajo encargado de la elaboración de informes sobre la materia. Dos años más tarde, la misma organización publicó una lista de paraísos fiscales, haciendo especial hincapié en aquellos países que no mostrasen disposición política a colaborar en su erradicación.

Estas actuaciones primigenias a finales de la década de los noventa retratan los esfuerzos por visibilizar un problema en ciernes. Mientras, tanto la UE como la OCDE mantenían su postura sobre la autonomía fiscal de los distintos Estados, reafirmando con ello la certeza clásica de que la competencia tributaria sería, a la larga, positiva y armonizadora.

Con la bonanza económica de los 2000 llegó también la laxitud en la ejecución de estos pactos políticos, cuya formalización legal quedó del mismo modo postergada. Fueron años en los que las grandes empresas transnacionales tenían su domicilio fiscal situado, de manera artificiosa, en países que ofrecían —y siguen ofreciendo— tratamientos fiscales particularizados.

Esto siguió así hasta el estallido en 2007 de la crisis de deuda. Una década después, los informativos celebran la creación de puestos de trabajo por parte de empresas que llevan años sin pagar impuestos en los Estados en los que generan beneficios. Después de los incómodos escándalos difundidos por los medios en 2014 y 2015, las autoridades europeas se pusieron a trabajar en distintas medidas para contrarrestar los efectos perniciosos de la competencia fiscal, un tipo de rivalidad que había generado un mayor número de problemas que beneficios para el mercado y los Estados.

2017: ¿el fin de la evasión?

Durante estos tres años, el ajetreo en los tribunales europeos ha sido escandaloso y la sombra de los llamados luxleaks, alargada. Edouard Perrin, el primer periodista en situar en el punto de mira los pactos secretos entre empresas y Estados, se vio de pronto en el centro de los focos. Ha sido juzgado y absuelto por robo y violación de toda clase de secretos empresariales y profesionales. Dos de sus fuentes, trabajadores de la consultora PwC, han sido condenados a prisión por la Justicia luxemburguesa.

El Parlamento Europeo ha solicitado un marco de protección para que periodistas y fuentes anónimas no se vean atrapados durante años en las instancias judiciales europeas. La legislación blinda el secreto profesional y bancario en las empresas, pero esto, en teoría, ha terminado con la llegada del 2017. El día 1 de enero entró en vigor la Directiva sobre cooperación administrativa, que obliga a las corporaciones a compartir una serie de datos fiscales estandarizados anualmente. La promesa de una mayor transparencia se hará realidad este año cuando las autoridades tributarias de los Estados miembros dispongan de documentos detallados sobre las finanzas de las empresas que operan en el seno de la Unión. Esta podría ser una vía para que los países afectados denuncien las prácticas que perjudiquen sus arcas y su aplicación a escala internacional supondrá, sin duda, un gran paso adelante.

Por otro lado, continúa sobre la mesa el plan de establecer una base consolidada común del impuesto de sociedades (BICCIS o, en sus siglas en inglés, CCCTB), una base imponible a todas las empresas que operan en la UE. Planteamientos que, aun con sus limitaciones, pretenden ser la raíz de una armonización fiscal que parecía utópica hace unos meses.

Lo cierto es que en solo tres años los líderes internacionales han cambiado el tono y las formas sobre esta cuestión. Sin embargo, no ha sido hasta este mismo curso que se han puesto manos a la obra para revertir un mal que continúa causando estragos en los sectores públicos. Este mismo sector público, del mismo modo, debe ajustar márgenes para no hacer de su sistema tributario un verdadero infierno fiscal. Tasas impositivas a las personas jurídicas cercanas al 30%, como es el caso de España, y altos impuestos regresivos —como el IVA— son algunos factores que indican un exceso de gasto público y un crecimiento, por tanto, de la elusión fiscal y la economía sumergida en todos los estratos. La alta complejidad de los sistemas tributarios dificulta, en muchas ocasiones, su correcto funcionamiento.

Los Estados deben hacer un esfuerzo necesario por simplificar sus ingresos manteniendo sus sistemas sociales intactos. Sin embargo, parece evidente que los continuos envites de esta crisis recaudatoria —las violentas sacudidas del leviatán— están poniendo en riesgo la supervivencia de las garantías propias de los países europeos. El recorte de los gastos en pensiones, sanidad, educación; el bloqueo de la inversión en infraestructuras y el mercado de trabajo, y el mínimo avance en todos los niveles de los sistemas tributarios, unido a la progresiva desregularización o liberalización de los mercados internacionales, ha supuesto el mayor lastre económico de la economía comunitaria en toda su historia.

De cara a los próximos años, se hace necesario observar con lupa tanto a Estados como empresas. Existe el riesgo de repetir unos excesos que, aunque inestimables, representarían un ahorro para las corporaciones de decenas de millones de euros anuales, pagados por los ciudadanos europeos.

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Fonte: El Orden Mundial

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Uma resposta em “Evasión fiscal, el leviatán que amenaza a Europa

  1. Ótimo texto!
    Este é um problema que aparentemente não te solução, a curto e médio prazo. Sinceramente, acredito que nem no longo prazo aparecerá uma solução que possa dar conta de tamanho problema.
    É um problema estrutural do nosso modelo econômico (do modelo econômico capitalista em sua vertente mais… selvagem).
    Os Estado tem duas grandes demandas (geração de emprego e arrecadação fiscal) em que uma depende, quase que diretamente da outra. E, em nenhuma das duas, os Estados nacionais se encontram em posição de realmente ditar a direção, ou o ritmo de desenvolvimento. Apenas, algumas vezes, deixa a ilusão de parecer ter o controle. Porém, definitivamente, não o tem.
    O envelhecimento da população, os altos custos do Estado, o crescente e infindável anseio consumista da população, resulta em uma conclusão óbvia, banal, porem poderosa; principalmente se uma carta (na manga) bem administrada pelo grande capital: Os recursos são limitados. E quem detém os recursos… dá as regras do jogo.
    Se os Estados precisam gerar empregos, terão que se dobrar às exigências de benefícios econômicos (maximização dos lucros das empresas via redução de tributos). Se querem aumentar a arrecadação (participação das empresas via tributos)… terão que proporcionar incentivos (subsídios) outros de toda ordem e tamanha monta, que talvez ainda assim não sei se seria possível.
    Um exemplo seria o Estado DAR terras, desmantelar direitos trabalhistas ou reservas ambientais (permitindo a exploração inconsequente), entregar empresas nacionais “a preços de bananas”, ou reduzir a participação/concorrência de empresas estatais viáveis.
    Outro, seria organizar um certo tipo de evasão fiscal, dando lhe capa, rosto, um outro arcabouço e, um nome diferente (elusão fiscal). Uma elusão fiscal, para além da própria, e lícita, elusão fsical. Um novo modelo de elusão fiscal, em que o próprio Estado, tira o dinheiro do cofre público, põe na mala e manda entregar (devolver) em domicílio.
    Quando nos dermos conta de que o próprio consumismo é um problema(o problema) em si, teremos a chance de tentar pensar um solução para o Estado refém do Capital.
    Mas, não nos enganemos: acho que isso nunca vai acontecer. Não teremos (o planeta não terá) tempo suficiente. Realmente, uma carreira para o abismo. Não há definição melhor.

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